domingo, 27 de diciembre de 2009
El Decembrista
Para él, diciembre resulta ser un mes un tanto peculiar. El recuento del año le significa especial sentido, porque a mitad de aquel mes está de cumpleaños, y él cree férreamente en que los "ciclos", si es que existen, se abren y cierran personalmente para cada cual el día que se nace. Minimalista y con parsimonia, así funciona la humanidad (en su sentido no de civilización, sino de esencia), es cosa de escuchar a la Tierra desde el espacio y darse cuenta del calmo sonido que produce al rotar. Por algo Dios es un astronauta... Se detiene un momento y con la vista perdida por unos segundos, se echa a reír. Imagina cómo sería la cosa si de verdad la gente cambiara toda a la vez la noche de año nuevo. Sería como una sacudida supermasiva, un caos irrisorio. Y piensa: "¡qué idiotez!". En fin, el asunto era que diciembre no significaba gran cosa para él. La navidad, honestamente, no le mueve un pelo, es más, le enerva un poco ese sentimiento forzado y un tanto histérico de felicidad colectiva, y las vacaciones de verano son sinónimo de calor, bichos por doquier y embadurnarse la piel a cada rato.... ¿así se sentirá un pollo (metafóricamente, porque está muerto) mientras da vueltas en el horno del restorán de la esquina?
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